Sexologa Celia
Sexóloga y Psicóloga de la Universidad de Buenos Aires
Estudios especializados en clínica sexológica (C.E.T.I.S.). Dos diplomaturas universitarias en salud sexual (U.A.I.)
Miembro de la Comisión Científica de FESEA (Federación Sexológica Argentina)
Sexóloga acreditada y miembro de SASH.  Coach sexual (I.C.P.).
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 (54-11) 4791-9781 / 15-5958-1111 - Lic. Celia Laniado (UBA) - Buenos Aires, Argentina

 

 

 Aneyaculación, eyaculación retardada, anhedonia eyaculatoria, eyaculación retrógrada

 

   Para entender estos trastornos, recordemos que la eyaculación tiene dos fases: una fase de emisión de las secreciones vaginales en la uretra posterior, para la cual el esfínter de la vejiga se cierra evitando que el semen vaya a ella y una fase de expulsión, en la que el semen es eliminado hacia la uretra peneana a través de las contracciones clónicas de los músculos perineales.
    Las posibles alteraciones de este proceso son las siguientes:

    Dice Helen Singer Kaplan: La eyaculación retardada (eyaculación retardada), que ha sido denominada “incompetencia eyaculatoria” por Masters y Jonson, puede ser definida como una inhibición específica del reflejo eyaculador. La eyaculación se halla bloqueada de una manera selectiva, mientras que el componente erectivo en estos pacientes permanece intacto. Esto es, un hombre que padece eyaculación retardada responderá a los estímulos sexuales con sentimientos eróticos y una erección firme, pero será incapaz de eyacular aunque desee urgentemente una relajación orgásmica y aunque la estimulación  que reciba sea más que suficiente para disparar el reflejo orgásmico. Así, pues, su situación contrasta abiertamente con la del paciente impotente, cuyo mecanismo de erección se halla inhibido, aunque puede eyacular con un pene fláccido si se le estimula suficientemente.

    La gravedad de la eyaculación retardada varía considerablemente, y oscila desde la inhibición involuntaria ocasional de la eyaculación, que puede ser superada con un poco de fantasía, distracción y/o cierta dosis adicional de estimulación, en uno de los extremos del espectro, a una inhibición de tal magnitud que el paciente nunca ha experimentado en toda su vida un orgasmo, en el otro extremo.

    En su forma más suave. La inhibición eyaculatoria se halla confinada a situaciones ansiógenas. Puede que el paciente no sea capaz de eyacular cuando realiza el acto sexual con una determinada mujer, o bien en situaciones que evoquen claramente sentimientos de culpabilidad o conflicto, pero sí, en cambio con una mujer más deseable o en una situación que no le produzca ansiedad.

    En situaciones clínicas más corrientes, la inhibición del paciente es más global, hasta el punto de no ser capaz de alcanzar el orgasmo durante el acto sexual a pesar de toda clase de esfuerzos para conseguirlo. Esto es, puede que prolongue el coito durante una hora, se entregue a toda clase de fantasías sexuales, beba, etc., sin que sirva de nada. Sin embargo, puede darse el caso de pacientes de este tipo que pueden eyacular sin dificultas con una estimulación manual u oral por la compañera. En contraste, otros pacientes en los cuales el síntoma es más grave se quejan de que su reflejo eyaculador queda inhibido por el simple contacto con ella. En consecuencia, aunque estos pacientes pueden realizar el coito para permitir a sus compañeras alcanzar el orgasmo, y suelen complacerse con esta experiencia, sólo son capaces de eyacular si retiran el pene y se masturban hasta el orgasmo en presencia de éstas después de que han quedado satisfechas.

    En el siguiente punto del continuo está la inhibición –más grave que la anterior- del individuo que no puede eyacular en presencia de una mujer y que tiene que abandonar el dormitorio para masturbarse y aliviar así la tensión sexual. Algunos esperan horas, hasta que se les pasa por completo la excitación del encuentro heterosexual. Muchos de los pacientes de este grupo ni siquiera intentan realizar el acto sexual, sino que se limitan a masturbarse. Finalmente, las inhibiciones en las eyaculaciones más graves se aprecian en aquellos pacientes que nunca han experimentado el orgasmo: afortunadamente, son casos muy raros en la praxis clínica.

    Los eyaculadores retardados pueden dividirse en dos categorías clínicas: los que sufren de una eyaculación retardada primaria y aquellos cuya eyaculación retardada es secundaria. Los primeros sitúan la aparición de su dificultas en el primer intento de realizar el acto sexual. Si bien la gran mayoría de los pacientes de esta categoría nunca han alcanzado el orgasmo durante el coito, son sin embargo capaces de conseguir orgasmos extravaginales. Sin embargo, por definición, esta categoría incluye también a los eyaculadores retardados primarios “absolutos”, que nunca han experimentado en su vida el orgasmo.
    En contraste, los pacientes que sufren de eyaculación retardada secundaria gozaron durante cierto período de un buen funcionamiento en la eyaculación antes de que la eyaculación retardada tuviese un inicio agudo después de haber experimentado el paciente un trauma específico, como por ejemplo, haber sido descubierto en una conducta sexual prohibida.

    Todos estos procesos pueden responder tanto a causas orgánicas como psicológicas. Entre las orgánicas podríamos señalar: los diversos medicamentos que inhiben total o parcialmente el proceso eyaculatorio (hipotensores, neurolépticos, antidepresivos, anfetaminas, barbitúricos, etc.); las intervenciones quirúrgicas sobre la vejiga, próstata, cirugía arterial del abdomen inferior y resecciones testiculares y rectales. También las neuropatías, y en especial los trastornos traumáticos de la médula espinal (paraplejías), las mielopatías no traumáticas (esclerosis en placas), las neuropatías periféricas (diabéticas y reumáticas) y algunos trastornos endocrinos.

Dr. León Roberto Gindin

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