Sexologa Celia
Sexóloga y Psicóloga de la Universidad de Buenos Aires
Estudios especializados en clínica sexológica (C.E.T.I.S.). Dos diplomaturas universitarias en salud sexual (U.A.I.)
Miembro de la Comisión Científica de FESEA (Federación Sexológica Argentina)
Sexóloga acreditada y miembro de SASH.  Coach sexual (I.C.P.).
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 (54-11) 4791-9781 / 15-5958-1111 - Lic. Celia Laniado (UBA) - Buenos Aires, Argentina

 

Señales de alarma en la relación

     Sería importante para las parejas que están por casarse, o por iniciar una convivencia, conocer posibles señales de alarma, que abordadas a tiempo por la pareja, podrán evitar conflictos o rupturas en un futuro.
    Generalmente las relaciones de pareja no se van a pique por un hecho puntual y explosivo, se acaban poco a poco como si fueran resbalando por una pendiente de reproche, sospechas y actitudes  defensivas o de aislamiento hasta que llegan a un punto desde donde es difícil volver atrás.
    Sin embargo, en mi experiencia de 25 años como terapeuta de parejas, he podido detectar señales tempranas, que aparecen cuando la relación de pareja está en riesgo.

Las señales que aparecen con más frecuencia son las siguientes:

1.      Agendas diferentes. Ambos reconocen, que desde hace tiempo, cada cual lleva su propio calendario de actividades. Sin que la pareja lo note, y aunque parezca casual, los programas de ambos comienzan a tornarse incompatibles. Cuando él vuelve de la oficina, ella se va a su clase de yoga. Los sábados, cuando ella vuelve de su caminata por el parque, él va a su clase de teatro, y después a practicar football. Suelen dar mas importancia al trabajo, los hijos, (si los hay), los parientes, los amigos, las actividades personales. El tiempo compartido, el estar juntos,  solos en casa, el salir juntos solos, no figura en la agenda de cada uno.

2.      No respetar el tiempo del otro. Sucede cuando no se toma en cuenta al otro. Si al comienzo de la relación, alguno de los dos llega tarde a cenar, el otro lo tolera. Pero si con el tiempo el señor se acostumbra a llegar tarde sin avisar, si se demora, mientras la comida se enfría, los chicos lloran,  ella concluirá que él es un egoísta, que solo piensa en sí mismo, o sospechará que alguien más importante que ella y los niños, lo retiene.

3.      Ausencia de caricias. Al principio de la relación, los dos se tocan, se  besan y miman mucho. En algunas parejas con el tiempo esto va desapareciendo, Ya no se ríen de cosas que solo ellos dos saben, no se piropean, no hay seducción, no se sorprenden uno al otro, solo se hacen regalos para los cumpleaños o aniversarios.

4.      Falta de comunicación. En una  reciente entrevista con una pareja, la mujer no me supo decir cual era el mejor compañero de trabajo de su marido, ni él cual eran las preocupaciones actuales de ella.

5.      Rencor reprimido. A él, le gusta ver televisión mientras cenan. Ella pide dialogar. A pesar de que ella se lo ha pedido infinidad de veces, y ha fundamentado su pedido, diciéndole que ella quisiera contarle sus anécdotas cotidianas, y saber como él pasó su día, el no cambia su actitud. Con el tiempo, el no cede, ella ya no protesta.
Una familia que consultó años atrás, me relataban la señora y los hijos, que el padre manejaba con exceso de velocidad cada domingo a la vuelta del country. Cada fin de semana todos protestaban, y el señor seguía manejando igual, zigzagueando en ocho entre los coches,  para llegar un poco más temprano. Todos estaban asustados por los riesgos innecesarios que corrían. El decía que no manejaba rápido, sino que su andar era “dinámico”. Sólo modificó su actitud, luego de meses de tratamiento. Si estas, y otras cuestiones cotidianas, no son escuchadas y negociadas, se instala el rencor, y al tiempo, esta situación podrá desembocar en un estallido, o en un abandono.

6.      Pérdida de deseo. Cuando uno ó los dos pierden el interés en los encuentros sexuales, que se van espaciando, y a veces desaparecen

7.      Criticarse ácidamente en público y en privado. Este habito, sostenido en el tiempo, va escribiendo el certificado de defunción de la relación.
Día a día va carcomiendo la autoestima de cada uno de ellos, y los cimientos de sus proyectos de vida en común.

8.      Ser excesivamente complaciente. El consulta: ¿Vamos al cine o al teatro? Ella contesta: Donde vos quieras. El pregunta ¿Saco para viernes o sábado? Ella contesta: Lo que vos quieras... No tener opiniones propias, ver siempre por los ojos del otro, termina aburriendo al compañero. A veces, el que no elige, además reprocha. “Deberías largar un rato el control remoto de la relación”, pedía días pasados un paciente a su pareja. Ella le contestó: ”Para que, si cuando te lo doy, no sabes que hacer con él, y me lo devolvés”

9.      Ser excesivamente dominante. Darle continuas instrucciones al otro, sobre como hacer cada cosa, sin que el se lo pida, (como vestirse, como hablar con el jefe, como discutir con un pariente). Controlar hasta sus silencios (¿En qué estás pensando?). Algún día, el otro puede sentirse muy invadido, y partir para siempre.

10.  Los simbióticos, o pegados con poxipol. Van a todos lados juntos, siempre. No se sabe si es tanto lo que quieren estar juntos, o tienen miedo a estar solos. Si a una reunión festiva de trabajo, el otro no es invitado, no va ninguno. Puede ocurrir que un día, uno de ellos viaja, y el otro entra en colapso, parece un alma en pena. Es recomendable que en la pareja haya amigos y espacios comunes, pero que cada uno cultive intereses personales


ACTITUDES QUE PUEDEN FAVORECER EL REENCUENTRO:

1) Dialogar con cortesía y respeto, sin desafíos, ni reproches. Un paciente me relató que quiso un día comunicar el dolor que sentía al quedar excluido. Ella estaba amamantando al bebé, en la cama matrimonial, con el hijo mayor sentado al lado de ella. Él llegaba recién de la oficina, después de un día de terribles presiones, y necesitaba afecto y contención. En vez de reprocharle a ella, le dijo: “Me estoy compadeciendo de mí mismo”. No necesitó decir más. Ella comprendió, y al rato lo abrazó estrechamente.

2) No esperar. Los problemas no se arreglan solos, si los dejamos macerar, empeoran. Si un de los dos detecta una señal de alarma, comunicarlo a su pareja sin demoras, y sin reproches. Decirle ”No me gusta lo que nos está pasando últimamente, ¿Hablamos?”

3) No culpar, pedir ayuda y resolver juntos. Eliminar la culpa. En vez de decir ”Estoy harto de lo mal que me tratas, (Que inunda de culpa a su compañera), o quedarse mudo una semana, decirle: ”Me molesta esto o aquello, ¿que crees que podamos hacer?”

4) Ser flexible. Se alivian las tensiones, si cada uno cede algo. Si nadie cede, se llega fácilmente a un divorcio, y a un divorcio controvertido, que suelen durar años.

5) Consultar. Si solos no pueden, animarse a una terapia de pareja.  Cada vez más parejas consultan, para mejorar la relación y salvar al amor

 Lic. Dora Dlugi.

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